Una mirada personal desde el mindfulness adaptado
En mi práctica como profesional de mindfulness adaptado —y también desde mi propia experiencia como persona neurodivergente— hay algo que escucho con frecuencia, tanto en adultos como en familias:
Las emociones están. Son intensas y reales. Pero no siempre son accesibles. No siempre se entienden. Y muchas veces no se pueden poner en palabras.
Durante años esto se ha interpretado como una dificultad de comunicación. Sin embargo, en muchos casos lo que está presente es algo distinto: la alexitimia.
Cuando hay lenguaje, pero no claridad emocional.
La alexitimia es la dificultad para identificar, diferenciar y describir lo que sentimos.
Y aquí hay un punto clave:
Tener lenguaje no implica necesariamente comprender la propia experiencia emocional.
Muchas personas autistas hablantes pueden analizar situaciones con gran detalle, explicar lo ocurrido o incluso reflexionar sobre emociones de forma teórica.
Pero cuando la pregunta es “¿qué estoy sintiendo?”, aparece la confusión. Esto no es una contradicción, sino una forma diferente de procesamiento interno.
En muchas personas autistas, las emociones no aparecen primero como palabras, sino como sensaciones corporales:
· tensión
· cansancio repentino
· saturación
· cambios en el nivel de activación
Sin herramientas para interpretar estas señales, el malestar suele detectarse tarde, cuando ya es intenso.
Desde fuera puede parecer una reacción desproporcionada. Desde dentro se vive como algo repentino e incomprensible.
Por eso, insistir únicamente en “poner nombre a las emociones” no suele ser suficiente y puede generar más frustración.
El mindfulness aplicado a la neurodivergencia no es una técnica de control emocional ni una forma de “calmarse”.
Es una herramienta de autoconocimiento respetuoso. En el caso de la alexitimia, el objetivo no es sentir más, sino sentir con mayor claridad y seguridad.
Reconexión progresiva con el cuerpo.
Muchas personas viven principalmente desde lo cognitivo. Volver al cuerpo se hace de forma gradual, sin imponer silencio ni introspección forzada.
Diferenciación de la experiencia interna
Aprender a distinguir entre sensación corporal, pensamiento y emoción reduce significativamente la confusión interna.
Construcción de un lenguaje emocional propio
No es necesario utilizar etiquetas emocionales tradicionales. Pueden ser más accesibles:
· escalas
· metáforas
· estados
· imágenes o colores
Detección temprana de la saturación
Identificar señales corporales permite anticiparse, pedir apoyo y prevenir situaciones de desbordamiento.
Desarrollo de autocompasión
Comprender que se trata de una diferencia neurobiológica, y no de una falta de voluntad, transforma la relación con uno mismo.
Acompañar a una persona con alexitimia implica:
· aceptar que puede hablar sin saber aún qué siente
· respetar tiempos largos de procesamiento
· no exigir explicaciones inmediatas
· validar el “no lo sé todavía”
Cuando la presión disminuye, el acceso a la experiencia emocional suele mejorar.
Observación corporal básica
Una o dos veces al día:
· ¿Cómo está mi cuerpo?
· ¿Más activado o más cansado?
· ¿Hay alguna zona que destaque?
Sin buscar emociones concretas.
Uso de escalas
Valorar del 1 al 10 niveles de energía, tensión o saturación facilita la identificación del estado interno.
Lenguajes alternativos
Utilizar metáforas, colores, dibujos o listas funcionales (“esto ayuda / esto empeora”) es una forma válida de comunicación emocional.
Mindfulness adaptado en casa
· prácticas breves (1–3 minutos)
· ojos abiertos si es necesario
· movimiento consciente
· atención a estímulos concretos
El objetivo no es relajarse, sino notar.
La alexitimia no es un déficit ni un bloqueo emocional.
Es una forma diferente de acceder a la experiencia interna.
El mindfulness adaptado, cuando se aplica desde una mirada neuroafirmativa, no busca corregir, sino acompañar.
Y cuando una persona empieza a comprenderse desde su propio funcionamiento, no solo cambian sus emociones. Cambia su relación consigo misma y con el mundo.
Bird, G., & Cook, R. (2013). Mixed emotions: The contribution of alexithymia to the emotional symptoms of autism. Translational Psychiatry, 3(7), e285.
Vermeulen, P. (2012). Autism as context blindness.
Milton, D. (2012). The ‘double empathy problem’.
van der Kolk, B. (2014). The body keeps the score.
Segal, Z. et al. (2018). Mindfulness-based cognitive therapy for depression.
Peeters, T. (2016). Autism: From theoretical understanding to educational intervention.
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María Valencia
Instructora Mindfulness. Instructora Mymind Method, Autism & ADHD parenting. @mariavalencia_mindfulness
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