Hay silencios que no nacen de la falta de palabras...
Cuando un niño o una niña puede hablar con naturalidad en algunos contextos, pero en otros el lenguaje desaparece por completo, es frecuente que el entorno lo interprete como timidez, bloqueo emocional o falta de voluntad.
Sin embargo, detrás de esta experiencia suele haber un proceso mucho más complejo relacionado con la activación del sistema nervioso: el mutismo situacional.
Comprenderlo desde una mirada neuroafirmativa implica dejar de preguntarnos por qué no habla y empezar a preguntarnos qué necesita para sentirse seguro.
En este artículo exploramos qué es el mutismo situacional, cómo se vive desde dentro y qué estrategias pueden ayudar a acompañarlo desde el respeto, la regulación y la garantía real de comunicación.
En mi práctica —y también desde mi propia experiencia— hay algo que sigue generando mucha confusión y sobre todo incomprensión -muchos profesionales lo minimizan restándole importancia a su impacto en la psiche y en la vida social-
Niños que hablan en casa, pero no en el colegio o niños que hablan en el colegio pero en ciertas situaciones o con ciertas personas (adultos o niños) no lo hacen. Personas que saben perfectamente lo que quieren decir… pero no pueden decirlo.
Y no, no es timidez.
No es desobediencia.
No es falta de intención.
Es mutismo situacional.
El mutismo situacional es la imposibilidad de usar el lenguaje oral en determinados contextos, aunque la persona tenga lenguaje y lo utilice con normalidad en otros entornos.
Hay tres ideas clave que cambian completamente la forma de acompañarlo:
· No es una elección
· No es voluntario
· No se resuelve insistiendo en que la persona hable
En el autismo, suele aparecer cuando el sistema nervioso está sobrecargado. Puede estar relacionado con:
· exceso de estímulos
· ansiedad social o anticipatoria
· demandas comunicativas elevadas
· sensación de inseguridad
· dificultad para autorregularse
Esto es probablemente lo más importante de entender, y lo más invisible.
Muchas personas describen el mutismo así:
“Siento lo que quiero decir, pero no sale.”
“Tengo las palabras en mi cabeza, pero no llegan a la boca”
“Mi cuerpo se bloquea.”
“Cuanto más me insisten, menos puedo.”
No es que no haya lenguaje.
Es que no hay acceso al lenguaje en ese momento.
En la infancia suele vivirse con miedo o vergüenza.
Con el tiempo, si no se comprende, aparece frustración, aislamiento y mucha autoexigencia.
Y hay algo que se repite mucho:
la sensación de estar fallando, cuando en realidad el cuerpo está protegiéndose.
Algunas frases que he oído de niños y niñas que empiezan a tener conciencia de que esto les ocurre a menudo: “ siento que no soy normal”, “ me miran raro y se rien de mi”, “ me pegan porque saben que no voy a hablar”, “soy diferente pero no sé por qué, ellos hablan y yo quiero pero no puedo”, “me siento mal cuando no puedo hablar”…
Este es uno de los cambios más importantes, tanto para familias como para profesionales.
Hablar es solo una forma de comunicación.
No poder hablar no significa no poder comunicarse.
Cuando el entorno entiende esto, todo cambia.
Desde mi experiencia, lo que más marca la diferencia no son las técnicas complejas, sino el cambio de enfoque.
La Comunicación Aumentativa y Alternativa (CAA) no sustituye el lenguaje, lo sostiene. Y esto es algo que aún hoy en día me cuesta hacer entender a otros profesionales como maestras o psicólogas comportamentales o conductivistas sobre todo en presencia de niños, adolescentes o adultos con una verborrea fluida en situaciones de no estrés y que presentan mutismo situacional.
Puede incluir:
· señalar
· escribir
· usar imágenes
· dispositivos digitales
· respuestas cerradas
Muchas personas encuentran más accesible escribir que hablar cuando están bloqueadas. Y cuando aun no se ha adquirido la habilidad de la lecto escritura señalar o mostrar imágenes pueden funcionar bien.
Hay frases que, aunque bien intencionadas, bloquean aún más y hacen sentir peor: “venga, habla”, “si sabes hacerlo”, “es tu turno”, “venga que no eres mudo”, “intentalo”, “usa palabras y no señales que puedes”, “no, así no (señalando) dímelo al oído anda”
Y hay actitudes que ayudan mucho más:
· no insistir
· no mirar esperando respuesta
· permitir el silencio sin consecuencias
La presión bloquea.
La seguridad abre.
El procesamiento no siempre es inmediato.
Esperar sin completar frases, sin interrumpir y sin acelerar es una forma muy potente de apoyo.
Cuando acompañamos a una persona con mutismo situacional, hay algo fundamental:
No se trata de conseguir que hable.
Se trata de garantizar que pueda comunicarse. Cuanto cuesta entender esto, ha costado incluso a mí, siempre digo que tener hijos neurodivergentes e como ir a la universidad desde casa. Nos fuerzan a aprender cada vez más. Pero de esto hablaré en otro artículo.
En la práctica, esto implica:
· validar cuando no puede hablar
· ofrecer siempre una alternativa
· anticipar situaciones que pueden generar bloqueo
· reducir la exigencia social innecesaria
En el contexto escolar, esto es especialmente importante.
Cuando el aula deja de exigir respuestas orales y empieza a permitir otras formas de participación, no solo mejora la comunicación: mejora la seguridad. También es importante tener en cuenta la necesidad muchas veces de la mediación del adulto en contextos sociales, por ejemplo, en el recreo. El mutismo al interno del juego libre es visible si estamos atentos.
Desde ahí, desde el acompañamiento y la reducción de exigencias orales, muchas veces, el lenguaje vuelve.
El enfoque que utilizo desde el mindfulness adaptado no busca que la persona hable.
Busca algo anterior:
que el sistema nervioso esté lo suficientemente seguro como para poder hacerlo.
Trabajamos en:
· reducir la activación
· reconectar con el cuerpo
· detectar señales previas al bloqueo
· crear espacios de seguridad
Cuando el cuerpo deja de estar en alerta, el lenguaje puede reaparecer de forma espontánea.
El mutismo situacional no es ausencia de lenguaje, ni de intención, ni de comunicación.
Es una respuesta del sistema nervioso ante una sobrecarga.
Cuando dejamos de exigir habla y empezamos a garantizar comunicación, el silencio deja de ser un problema.
Y pasa a ser una señal que podemos entender. Acompañar adecuadamente reduce el estrés acumulativo y la ansiedad social. Ofrecer herramientas de comunicación también a niños y adolescentes que son hablantes, pero sufren el mutismo situacional puede darles seguridad y prevenir o al menos tener la posibilidad de comunicar inmediamente acciones negativas contra ellos como por ejemplo agresiones o acoso escolar.
Shipon-Blum, E. (2010). Selective mutism disorder.
Prizant, B. (2015). Uniquely human.
Porges, S. (2011). The polyvagal theory.
Milton, D. (2012). The ‘double empathy problem’.
American Speech-Language-Hearing Association. (2023). Augmentative and alternative communication (AAC).
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María Valencia
Instructora Mindfulness. Instructora Mymind Method, Autism & ADHD parenting. @mariavalencia_mindfulness
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